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European Marches against Unemployment - News and Archives


Absender   : aguiton@sud.unions.eu.org  (Christophe)
Org.-Empf. : aris@ecn.org
Weiterleiter aguiton@ras.eu.org
Betreff    : articulo sobre el movimiento de parados
Datum      : Fr 27.03.98, 16:39  (erhalten: 29.03.98)
Groesse    : 28090 Bytes
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VIENTO SUR Nº 37
Francia:
Ha nacido un nuevo movimiento social
Christophe Aguiton
Otra vez, un movimiento social ha nacido en Francia. Un movimiento 
soprendente, porque sus protagonistas, hombres y mujeres en paro, 
constituyen una categoría social presentada  a menudo como pasiva, replegada sobre sí misma y, por ello, incapaz de organizar grandes movimientos colectivos.
Antes de entrar en el análisis de este movimiento, hay que  recordar dos datos de partida.
El primero se refiere a la forma que toman en Francia los movimientos 
sociales, con rasgos más acusados que en la mayor parte de los países. Efectivamente, estos movimientos, desde el momento en que alcanzan un nivel significativo, reclaman la intervención del poder y se constituyen en un problema político El movimientos de los(as) parados(as) no ha modificado esta tradición y ha ocupado el primer plano de la escena mediática durante más de un mes, obligando al Gobierno a intervenir varias veces, con el primer ministro a la 
cabeza.
Aunque haya muchas razones que explican esta particularidad francesa, 
hay que destacar el peso del Estado central y la debilidad de los 
demás niveles y estructuras de negociación. Un ejemplo: el movimiento se inició con unas ocupaciones de locales de la ASSEDIC, los centros que administran los subsidios de desempleo, bajo la 
gestión de patronal y sindicatos; la presidenta  de la UNEDIC (la unión nacional que federa los ASSEDIC) es Nicole Notat, secretaria general de la CFDT. Pues bien, durante el primer mes de ocupaciones, 
la presidencia de la UNEDIC no intervino y toda la atención se concentró en el Gobierno; la pregunta que se encontraba cada día en la prensa es: ¿pero qué hacen los ministros?...
La segunda se refiere a la situación de los movimientos sociales en Francia. El uso del término ³movimiento social² es en sí mismo significativo. Desde el comienzo de los años 90, las luchas se multiplican, encuentran una acogida muy favorable en la 
población y se acompañan del surgimiento de nuevas estructuras sindicales -FSU en los(as) enseñantes, SUD, la corriente de izquierdas ³Tous ensemble² (Todos juntos) en la CFDT) y asociativas (AC! -Acción contra el paro- y las demás organizaciones de este tipo), el DAL -Derecho a la Vivienda- y ³Droits Devants!² -¡Los Derechos, primero!- contra las exclusiones, ³Ras le Front², contra el Frente Nacional, el Colectivo Nacional de los sin papeles, el Colectivo por los Derechos 
de las Mujeres, etc. (Nota: Más información en Viento Sur nº  25, 30 y 32 ).
Esta multiplicación de luchas se sitúa en un contexto en el que el retroceso del movimiento obrero ha dejado huellas políticas y organizativas profundas. Nunca el sindicalismo ha sido tan débil numéricamente y ha tenido tan poca presencia en sectores enteros de la población asalariada: las pequeñas empresas, el empleo precario, los cuadros, etc. Además, el número de días de huelga sigue siendo muy bajo: sólo aumentó en 1995, con cerca de 2 millones de días de huelga, gracias a la huelga de servicios públicos que tuvo lugar en noviembre y en diciembre.
Pero en esta situación global de retroceso, de redefinición y de reconstrucción del movimiento obrero y los movimientos sociales, la situación francesa de los años 90 no tiene nada que ver con la de los años 80. Sería interesante comparar las diversas situaciones existentes en los países desarrollados: relanzamiento de la luchas y cambios importantes en el panorama sindical en Francia, Bélgica, EE UU...; probablemente una situación más bloqueada en Italia, el Estado español...Pero este tema desborda el marco de este artículo.
Las raíces del movimiento
En la base del movimiento de parados hay un simple constatación: el número de parados aumenta sin cesar, especialmente el de los parados de larga duración, y al mismo tiempo los subsidios de estancan o se revisan a la baja.
En cifras: 3,2 millones de parados(as) según cifras oficiales (12% de la población activa); 1,5 millones reciben subsidios sociales mínimos: el ASS (subsidio específico de solidaridad) y la RMI (renta mínima de inserción), ambos pagados por el Estado; los demás, aproximadamente la mitad, reciben un seguro de paro pagado por el UNEDIC. A estas cifras oficiales hay que añadir a los(as) jóvenes menores de 25 años que no tienen derecho a ningún subsidio y el número creciente de trabajadores a tiempo parcial, o en empleo precario, que están buscando un empleo estable: hay 2,7 millones de asalariados que ganan menos que el sala rio mínimo, porque no alcanzan las 39 horas de trabajo a la semana. Llegamos 
así a la cifra de 7 millones de personas en paro o en diversas formas de precariedad.
Además, hay que considerar que detrás de las cifras de paro que aumentan por todas partes, encontramos en Europa realidades muy 
diferentes. En el Sur de Europa, a pesar de la debilidad de los 
subsidios mínimos sociales, las redes de economía informal y, sobre todo, la existencia de un tejido social y de solidaridades 
familiares aún fuertes, permiten amortiguar los efectos del paro y de la precariedad. En el Norte de Europa y en Alemania, los subsidios 
de paro y los mínimos sociales están todavía a un nivel significativo. En Francia, los mínimos sociales son bajos (2.400 FF, aproximadamente 60.000 pesetas) para una persona sola (el saario 
mínimo neto está un poco por encima de los 5.000 FF, 125.000 pesetas) y el tejido social no tiene la solidez suficiente para 
amortiguar este aumento de la pobreza.
Un dato coyuntural se ha sumado a los factores desencadenantes del 
conflicto: la llegada del Gobierno de izquierdas. La victoria 
sorpresa de Jospin y la constitución de un Gobierno de ³mayoría plural² (PS, PC, Verdes, Movimiento de los Ciudadanos y Radicales de Izquierda) han suscitado una esperanza, especialmente en los 
sectores populares, aunque sea una esperanza infinitamente menor que 
la que siguió a la victoria de Mitterrand en mayo de 1981. Pero las primeras medidas anunciadas por Jospin fueron una ducha de agua 
fría para los parados: en su discurso de investidura, en julio de 1997,  anunció un aumento del 4% del salario mínimo, pero no dijo una palabra sobre los mínimos sociales...
Este olvido tiene que ver, en parte, con consideraciones 
presupuestarias (el salario mínimo lo pagan las empresas; los mínimos sociales, el Estado...), pero sobre todo con una visión socialdemócrata clásica que intenta impulsar una recuperación económica con medidas neokeynesianas de relanzamiento por el  aumentos de salarios y, probabablemente, con algunos trazos de 
blairismo ideológico, según el cual, el buen parado es el parado que busca empleo, y nada mejor que un descenso de sus rentas para 
convencer al parado de que debe aceptar cualquier empleo.
En fin, una última razón para este movimiento, o al menos para su lanzamiento el pasado diciembre: la unidad de acción por fin realizada entre los comités de parados de la CGT y las diferentes asociaciones de lucha contra el paro. Esta unidad no había sido posible por el sectarismo de la dirección de los comités de parados de la CGT, pero una evolución interna de esos comités, apoyada por la dirección confederal, permitió la llegada de una nueva dirección que aceptó trabajar con el movimiento asociativo.
Años de construcción
El movimiento de parados(as) que ha nacido este invierno significa, 
evidentemente, un avance importante para el futuro de la batalla 
contra el paro en Francia. Pero no hay que olvidar que ha sido 
preparado durante años de acciones y luchas.
Fue la CGT -que es el mayor sindicato francés y cuya línea es mucho más radical que la de las demás  confederaciones europeas- la primera organización que, a comienzos de los años 80, se responsabilizó y dedicó un gran esfuerzo a estructurar a los parados. Este esfuerzo sólo obtuvo éxito parcialmente. En algunas ciudades, con frecuencia sobre la base de núcleos de asalariados sindicados provenientes de grandes empresas reconvertidas, los 
comités de la CGT representan una realidad importante, por ejemplo, en Marsella, donde el comité CGT se ha desarrollado tras el cierre de los astilleros de la Ciotat. Pero en otros lugares, los comités de CGT tuvieron dificultades para estabilizarse, sobre todo porque el 
mundo del paro, máxime tras veinte años de desarrollo de un paro masivo, recela del movimiento sindical, especialmente en Francia 
donde el sincalismo está debilitado y dividido.
Estas dificultades fueron la base de otros intentos de 
estructuración de los parados. Por ejemplo, a finales de los años 80, el MNCP -Movimiento Nacional de Parados y Precarios-que federa asociaciones locales, animadas frecuentemente por militantes 
cristianos o ecologistas, o la APEIS -Asociación por la Ayuda Mutua, la Información y la Solidaridad-, asociación creada por iniciativa de ayuntamientos comunistas que querían, en la región de París, ayudar a la organización de los parados, en especial para oponerse al ascenso electoral de la extrema derecha en los 
barrios periféricos con graves problemas sociales.
Pero hay que destacar especialmente el lanzamiento de AC! -Actuar juntos contra el Paro-a comienzos de 1994. Este movimiento fue una 
iniciativa de sindicalistas (de la izquierda de la CFDT, del Grupo de 
los 10 -constituido por SUD y otros sindicatos independientes-, de la FSU -el primer sindicato enseñante-...) para desarrollar un movimiento federativo asociando sindicalistas, organizaciones de 
parados (el MNCP formó parte de AC! desde el comienzo), asociaciones de lucha contra las exclusiones (en especial DAL o el 
Comité de los sin techo) y otras componentes, como la Confederación Campesina, la Liga de los Derechos del Hombre y numerosos intelectuales. El lanzamiento de AC! tuvo lugar con 
ocasión de las primeras marchas contra el paro que recorrieron Francia en la primavera de 1994 y que lograron reunir a más de 30.000 personas, la mayoría parados, en París.
A partir de 1994, las movilizaciones se han sucedido, por ejemplo, la 
campaña unitaria de AC!, MNCP y APEIS en 1996 sobre los subsidios de paro o las que han tenido lugar sobre el conjunto de las 
exclusiones. En la primavera de 1995 hubo grandes manifestaciones 
sobre el problema de la vivienda y, en general, contra las 
exclusiones, con la ocupación de un gran complejo de viviendas en el corazón de París, la rue du Dragon.
Las marchas europeas de la primavera  de 1997 jugaron un papel 
importante.
Unas decenas de parados franceses pudieron así adquirir una experiencia muy rica atravesando Europa durante dos meses, realizando 
en países con situaciones sociales muy diversas, una multitud de reuniones públicas, encuentros con sindicalistas, políticos, periodistas, etc.
Esta experiencia fue rápidamente rentabilizada: muchos de los dirigentes del actual movimiento son antiguos marchadores de la 
primavera de 1997.
3 etapas de movilización
Hemos conocido tres etapas muy claras en el desarrollo del movimiento.
La primera, podemos llamarla la instalación. Las ocupaciones empezaron en Marsella, ciudad en la que la CGT se movilizaba 
tradicionalmente todos los años para que los excedentes que quedaban sin utilizar de los ³fondos sociales² de los ASSEDIC se emplearan para aliviar situaciones de emergencia. Con este objetivo 
se hacía una movilización a final de año y finalmente miles de parados conseguían obtener un pequeño suplemento que la CGT llamaba la ³prima de Navidad².
Pero los ASSEDIC, dirigidos por la  CFDT, decidieron a mediados de 
1997 revisar el sistema de fondos sociales, lo que significó concretamente que los seguidores marselleses de la CGT se encontraron 
con las cajas vacías; éste fue el origen de las ocupaciones de las ASSEDIC en la región de Marsella.
En esas mismas fechas, y sin conocer los proyectos de la CGT, las 
asociaciones de parados y de lucha contra las exclusiones habían decidido organizar, con el apoyo de fuerzas sindicales (el Grupo de 
los 10, con los sindicatos SUD, la FSU y la izquierda de la CFDT), 
del 16 al 21 de diciembre una semana de acción llamada de ³emergencia social² para movilizar contra las desigualdades y el aumento de la miseria, y para reclamar un aumento de los subsidios 
mínimos sociales.
La convergencia de ambas iniciativas fue lo que lanzó el movimiento de los parados(as), con la ocupación de más de 10 centros ASSEDIC, primero en provincias y luego en París. La revindicaciones fueron: 3.000 FF de ³prima de Navidad², aportada por el movimiento marsellés, y sobre todo, el aumento de 1.500 FF mensuales de los subsidios mínimos sociales (el ASS y el RMI son de 2.400 FF), apoyada por las tres organizaciones de parados (AC!, 
APEIS, MNCP).
El período de fiestas, ente Navidad y el 1 de enero, caracterizado por la ausencia tradicional de noticias de actualidad y las 
vacaciones del Gobierno, fue ocupado en los medios por el movimiento. 
Todas las noches en la TV se sucedieron los reportajes y las demandas 
al Gobierno.
La segunda fase se caracterizó por las intervenciones gubernamentales.
La ministra de Trabajo Martine Aubry empezó la serie. No dijo nada sobre las reivindicaciones de los parados y se limitó a intentar desacreditar al movimiento minimizando el número de ASSEDIC ocupadas: solamente trece.
Pero minimizando el número de ocupaciones, la ministra dio al movimiento una referencia. En Francia, cada movimiento tiene sus 
referencias que permiten evaluar sus fuerzas y su evolución: en Mayo de 1968 fue el número de huelguistas (los 10 millones); en noviembre y diciembre de 1995, el número de manifestantes (el millón); durante el movimiento de camioneros, el número de cortes de carreteras...Para los parados fue el número de ocupaciones. Después del discurso de la ministra, las ocupaciones pasaron de en cinco días de 13 a 40. Y este ascenso del movimiento obligó a intevenir al primer ministro.
Así lo hizo por dos veces en enero, anunciando algunas medidas. La primera, y una de las más importantes, fue el reconocimiento de las organizaciones de parados, que fueron recibidas por el Gobierno al 
mismo nivel que las confederaciones sindicales. La segunda   fue el 
desbloqueo de un fondo de ayuda, para reemplazar a los fondos de 
emergencia, dotado con 1.000 millones de francos. La tercera fue el 
anuncio del aumento del 8% de uno de los subsidios mínimos: el ASS, que sólo llega a medio millón de parados(as). La RMI, que llega  a un millón de personas no fue aumentado.
Según la opinión de todas las organizaciones de parados, estos anuncios eran importantes. Pero quedaban lejos de las 
reivindicaciones de los parados. De ahí, la voluntad común de continuar el movimiento.
Pero después de más de seis semanas de movilización, esta continuidad de la acción exigía una ampliación a otros sectores sociales. Así se intentó hacia los jóvenes (hubo huelgas en institutos de algunas ciudades del Oeste) y sobre todo hacia los(as) 
asalariados(as).
El debate parlamentario sobre las 35 horas fue el momento elegido 
para la convergencia entre parados(as) y asalariados(as). El objetivo 
común era reclamar una creación real de empleo para atacar seriamente al paro y exigir que la redución del tiempo de trabajo fuera sin reducción del poder de compra de los trabajadores, ni intensificación de los ritmos como consecuencia de una mayor flexibilidad en la utilización del tiempo de trabajo.
Pero las manifestaciones del 27 de enero obtuvieron unos resultados 
como mucho modestos. Una gran participación de parados, pero una débil participación sindical. La explicación está, por una parte, en la negativa de la CFDT y de FO a participar en cualquier 
acción por la reducción del tiempo de trabajo (sólo la CGT, FSU. Grupo de los 10 con los sindicatos SUD y la izquierda de la CFDT 
convocaron el día 27). Pero hay también razones más profundas: la gran mayoría de los asalariados ve con inquietud la reducción del tiempo de trabajo, porque  piensan que irá acompañada de una moderación salarial y una flexibilización creciente del horario de trabajo...Éste es, por otra parte, uno de los más importantes problemas que tendrá que afrontar el sindicalismo de cada al futuro.
Ante esta dificultad para extender el movimiento a otros sectores, 
los parados se encontraron en una situaciòn paradójica. Por una parte, el movimiento vivió una evolución típica de declive: las reivindicaciones de carácter general y global pasaron a segundo plano a favor de las de carácter local: un reparto correcto del fondo de emergencia, rechazo de los cortes de luz y de agua, 
transportes gratuitos en las grandes ciudades, etc.
Por otra parte, el movimiento tenía características propias. A diferencia de un movimiento normal de trabajadores o de estudiantes, 
no consistía en unos núcleos sindicales que logran agrupar a miles de personas durante una huelga, que posteriomente volverán a su trabaj o a sus clases. Esta vez estamos ante un movimiento de 
militantes al que se unieron parados(as) que querían comprometerse a largo plazo, que disponen de  tiempo y que viven el movimiento como 
el comienzo de una larga movilización.
De ahí la continuación del movimiento después de las luchas de finales de enero y una capacidad para realizar movilizaciones muy 
importante: el 7 de marzo las oganizaciones de parados pudieron 
movilizar en varias ciudades de Francia un número de parados comparable al de enero.
Numerosas lecciones
Las lecciones de este movimiento son desde ahora considerables.
En primer lugar, porque sus dirigentes son los propios parados, y los 
más pobres de entre ellos, los parados de larga duración, una categoría social atomizada, a menudo despreciada y que nunca había podido hacer la prueba de sus capacidades de acción y de movilización.
Movilizándose desde lo más bajo, los parados van a facilitar las luchas de otros sectores sociales que el sindicalismo no suele ser 
capaz de organizar, en particular a los trabajadores precarios; ya 
existe una primera coordinación, aún embrionaria , de los trabajadores precarios.
Poniéndose en acción,  los parados han mostrado la degradación general de la situación social en Francia: ésta es la otra lección esencial de la lucha. El ascenso del paro y de la precariedad afecta ahora a todos los niveles de la sociedad. Aunque 
la mayoría de los asalariados empleados tienen aún un contrato estable (funcionarios y asalariados con jornada completa y contrato 
indefinido), más del 80% de los nuevos empleos son empleos precarios.
Esta transformación radical del trabajo respecto a la situación de épocas pasadas se da tanto en las empresas privadas como en las públicas (Correos emplea a 80.000 asalariados con contrato precario), en las PYME como en las grandes empresas en las que 
tradicionalmente había contratación fija (por ejemplo, en Dassault, la gran empresa de aeronáutica, conocida por sus altos salarios incluso para los obreros, están en proceso de generalización del contrato ³de obra², en el que desaparece la idea de tiempo de trabajo semanal).
Este aumento del trabajo atípico se acompaña de un importante crecimiento de las desigualdades. Los salarios, y sobre todo las 
rentas más elevadas vuelan hacia la cumbre, mientras que los parados y los asalariados más pobres ven retroceder su poder de compra.
Estas procesos fragilizan a la sociedad en su conjunto y están en la base de un sentimiento ampliamente compartido: la impresión de que el mundo no tiene pies, ni cabeza, de que los problemas se 
escapan de las manos y habría que hacer algo...
Ésta es probablemnete la raíz de la asombrosa popularidad de los movimientos sociales en Francia: el número de huelguistas no es muy grande, pero son apoyados masivamente por lo que los especialistas en 
encuestas llaman ³huelgas por delegación². Así según las encuestas,  los huelguistas de 1995 tenían el apoyo del 55% de los franceses, el movimiento de los parados el 70%, un poco por debajo de 
los camioneros que, cuando sus bloqueos de carreteras tenían el apoyo del 74% de la población.
La tercera gran consecuencia  de este conflicto se refiere al 
movimiento sindical. La brecha ya tradicional en el movimiento obrero 
francés  entre los sindicatos ligados a las  luchas y a los movimientos (CGT, FSU, SUD y el Grupo de los 10, izquierda de la 
CFDT) y los sindicatos que se limitan a gestionar lo que puede serlo 
en el marco del neoliberalismo (mayoría de la CFDT, CFTC, CGC) continúa siendo operativa, pero ya no es suficiente.
Efectivamente, los intereses puramente burocráticos han jugado su papel, en particular en FO. Esta confederación, que participó en las huelgas de 1995, no ha tenido ahora ningún papel y se ha opuesto al reconocimiento de la representatividad de las 
oganizaciones de parados, por temor a ver aparecer una  nueva 
competencia que la debilitara todavía más. En cuanto a la CFDT, las cosas son un poco más complicadas que en 1995. Entonces, la CFDT defendió el plan Juppé contra los huelguistas de los servicios públicos...en nombre de la lucha contra las exclusiones. Ahora, cuando los excluidos han entrado en acción, la oposición radical de la dirección de la CFDT al movimiento de parados ha provocado numerosos chirridos: la posición confederal ha desconcertado a muchos militantes y algunos intelectuales aliados 
tradicionales de la CFDT, y que la habían apoyayado en 1995 (Alain Touraine, Pierre Rosanvallon...)  han estado a favor de los parados.
Una de los puntos del balance exige una especial prudencia: las 
consecuencias políticas del movimiento sobre las fuerzas de izquierda.
Durante su período más activo, el movimiento, tuvo el apoyo de las organizaciones de la izquierda radical, y también de los Verdes y el PC, que están en gobierno y cuentan con  seguir en él.
La presión principal ha caído sobe el PS  y particularmente sobre el primer ministro Lionel Jospin: el argumento del movimiento de 
parados, repetido por los Verdes y el PC, era que el movimiento 
podía ser una oprtunidad para el Gobierno, si éste era capaz de escuchar las aspiraciones que se expresaban en la calle.
El Gobierno recibió a los representantes de los parados, se aprobaron fondos extraordinarios...pero seguimos muy lejos de lo 
necesario. Y los parados no son los únicos que consideran que el Gobierno no ha respondido a sus reivindicaciones: el nivel de 
popularidad de Lionel Jospin ha caído un 9% desde su última aparición en la televisión, el 21 de jujnio, cuando rechazó claramente la principal reivindicación de los parados: el aumento de 1.500 FF de los mínimos sociales.
Pero este rechazo no ha tenido, al menos hasta hora, consecuencias 
mayores ni en los debates internos del PS, ni en la presencia en el 
gobierno de los Verdes y el PC.
La dificultad para transformar en los asalariados la simpatía por el movimiento en movilización activa explica en parte, sin duda, los límites actuales de los efectos políticos del movimiento de parados.
En fin, una última lección: la rapidez del contagio europeo.
En Alemania se inició el movimiento un mes después de  que se hubiera extendido en Francia.  Las formas que ha tomado allí son diferentes: una jornada de movilización todos los meses hasta las elecciones generales que tendrán lugar en el próximo otoño. Pero la concordancia de los movimientos es explícita: como ocurrió después de diciembre de 1995, pero ahora mucho más deprisa, los parados alemanes se refieren explícitamente al ejemplo francés. Y a la vez, los parados franceses se apoyan en las fechas alemanas para relanzar e próximo mes de Mayo sus propio movimiento (*nota: ha sido convocada conjuntamente una acción el próximo 8 de mayo en Kehl y Estrasburgo que puede extenderse a otras parejas de 
ciudades fronterizas; además el movimiento francés enviará una amplia delegación a la jornada del 8 de septiembre en Berlín*).
Esta concordancia se explica por la redes que se han tejido estos 
últimos meses, en particular cuando las marchas europeas. Pero se explica sobre todo por el surgimiento de un ³movimiento social europeo² aún embrionario, pero que se ha desarrollado claramente a lo largo de 1997: en Bruselas en la primavera pasada, en apoyo a 
los huelguistas de Renault Vilvorde; en Junio en Amsterdan, en 
ocasión de la llegada de las marchas, cuando la cumbre europea; y en otoño en Luxemburgo en la manifestación sindical cuando la cumbre social europea.
Estos movimientos diseñan el rostro de otra Europa, una Europa social, democrática, apoyada en movimientos sociales. Nuestro compromiso es desarrollar esta pespectiva en los meses y años que vienen.
10 de marzo de 1998
Traducción: M. Romero
Recuadro
³Quien siembra la miseria recoge la rabia²
[El 17 de enero, los socióloogos Pierre Bourdieu, Frédéric Lebaron y Gérard Maugé publicaron en Le Monde un texto para el que solicitaron firmas de apoyo. Publicamos a continuación algunos extractos]
³Los y las que nos hemos habituado a llamar ³excluidos² -provisionales, temporales, duraderos o definitivos del mercado de trabajo- están casi siempre excluidos también de la palabra y la acción colectiva. ¿Qué ocurre entonces cuando tras varios años de esfuerzos aislados y aparentemente desesperados de algunos militantes, necesariamente minoritarios, una acción colectiva consigue finalmente romper el muro de la indiferencia mediática y política?
En primer lugar, el ridículo agobio y el cabreo mal disimulado de algunos profesionales de la palabra, periodistas, sindicalistas y 
hombres o mujeres políticas que sólo han visto en estas manifestaciones de parados un reto intolerable a sus intereses de 
capilla, a su monopolio de la palabra autorizada sobre la 
³exclusión² y el ³drama nacional del paro². Ante esta movilización inesperada, estos manipuladores profesionales, estos permanentes del plató de televisión no han sabido ver en ella más que una ³manipulación del malestar², una ³operación de orinetación mediática², la ilegitimidad de una minoría o la ³ilegalidad² de las acciones pacíficas.
A continuación se produjo la extensión del movimiento y la irrupción en la escena político-mediática de una minoría de parados movilizados: la primera conquista del movimiento de parados 
es el movimiento mismo (que contribuye a desviar del Frente Nacional 
a un electorado popular desorientado). El movimiento de los parados 
pues, es decir, el esbozo de una organización colectiva y las conversiones en cadena del cual esta organización es producto y, a la vez, contribuye a producir: del aislamiento, de la depresión, de la vergüenza, del resentimiento individual, de la venganza hacia los chivos expiatorios...a la movilización colectiva; de la resignación, de la pasividad, del repliegue sobre sí mismo, del silencio...a la toma de la palabra; de la depresión a la rebelión; del parado aislado al colectivo de parados, de la miseria a la rabia. Así el slogan de los manifestantes ha acabado por verificarse: ³Qui sème la misère récolte la colère² (Quien siembre la miseria recoge la rabia).
(...) Este movimiento obliga a descubrir que un asalariado es un 
parado virtual, que la precarización generalizada (en particular la de los jóvenes), la inseguridad social organizada de todos los que viven bajo la amenaza de una reestructuración, hacen de cada asalariado un parado en potencia.
Los desalojos (de las ocupaciones) manu militari no desalojarán el problema. Porque la causa de los parados es también la de los excluidos, de los precarios y de los asalariados que trabajan bajo 
amenaza. Porque quizás hay un momento en que el ejército de reserva de parados y de trabajadores precarios, que condena a la 
sumisión a quienes han tenido la suerte provisional de haberse librado de él, se vuelve contra los que han basado su política (¡oh socialismo!) sobre la confianza cínica en la pasividad de los más dominados.²


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"Marches europeennes contre le chomage, la precarite et les exclusions"

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Tel : +33 1 44 62 63 44
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Last Modified: April 17, 1998